ruy_feben ([info]ruy_feben) wrote,
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  • Music: "Love on the rock with no ice" de los Darkness

It's all about Rod. Capítulo 1

Como todos saben (o como todos deberían de saber), un marcado rasgo de mi egocentrismo es hacer de mi cumpleaños un evento nacional, o, cuando menos, regional de importancia. Me encargo de recordarles a todos que va a ser mi onomástico con un mes de anticipación, haciendo cuenta regresiva de los días. Han habido años en los que, incluso, mando mails colectivos haciendo algo parecido a Mesas de Regalos para Rod; en otros he organizado mi propia fiesta sorpresa. Sí: en el fondo, tanta parafernalia es el reflejo de una vida caracterizada por la necesidad de ser rockstar y de llamar la atención, cosa que les molesta a más de dos amigos, pero que, a fin de cuentas, acaba por hacerlos reír a todos. En fin. Este año no fue la excepción y, si usted ha estado al tanto de este blog, sabrá que desde hace una semana festejo con ahínco mi vigésimo segundo aniversario. La teoría (aplíquela) es que el cumple de uno se festeja desde una semana antes y hasta una semana después. Por supuesto, el clímax del jolgorio tiene que ser el mero día. Me regocijo al darme cuenta de que lo que aconteció este fin de semana fue el clímax… o la noticia de mi muerte cercana. Porque Hades y yo sabemos que, si el clímax aún está por llegar, no voy a aguantar mucho entre los mortales. Y para muestra basta un botón, pero para una Gran Muestra bastan tres:

ROD, ROD, ROD
(los tres días de Rod, o it’s all about Rod, o La Divina Comedia según Rod)

CAPÍTULO 1: DOS DE JULIO.
PINCHES HIPPIES
Como todos los nacidos el dos de julio, mi signo zodiacal es cáncer. Esto, además de haberme permitido buenas entradas con mujeres piscis, capricornio, escorpión y tauro, me ha heredado (no preguntemos si por cuestiones astrales o por sentido de identidad) una infranqueable necesidad de calor hogareño. Es decir: me gustan los niños, tengo un inevitable sentido de la frustración en el hogar, un fuerte apego a mis otros significativos, capacidad para la comunicación no verbal, y gusto por la cocina. Así que, en este contexto astrológico, es bastante evidente que una de mis parrandas ideales es organizar una comida en casa con todos mis seres queridos. Desde que caí en la cuenta de que mi onomástico estaba próximo, mi goal fue hacer una pasta en casa e invitar a todos mis amigos a disfrutar de ella. Y así lo hice. Mi día comenzó a eso de las doce (Hora Tempranera, considerando la vacación), cuando el Sr. Andrés pasó por mí para ir al super. Cabe mencionar que al hablar de mi signo zodiacal olvidé decir algo: soy sumamente desorganizado. Imagínenos al Sr. Andrés, vestido de chef japonés (porque en mi debraye y peda de hace dos semanas decidí que las Theme Partys me gustan mucho, y que la mía de cumpleaños sería oriental, por lo cual un requerimiento “obligado” era que todos los asistentes llevaran algo alusivo al lejano oriente. Sólo Andrés lo cumplió el mero día, y Polly Pocket la semana anterior, con sus heroicos palitos chinos en el cabello) y un servidor perdidos en la mar de estantes y edecanes coapas de Wal Mart de Av. Universidad, pensando:

Sr. Andrés: Tons, compadre… ¿qué lleva la pasta oriental?
Rod: Pus… un chingo de cosas, we…
Sr. Andrés: Sí, ya sé qué son un chingo, pero necesito saber CUALES.
Rod: ¿Vieras que no me acuerdo?
Sr. Andrés: No mames… ¿cómo no te vas a acordar?

Y no, no me acordaba. ¿Recuerda esa escena de “Y tu mamá también” donde la cabeza de Gael (censuren sus gritos) se eleva sobre los estantes señalando el chupe como si fuera tierra? Bien: pues yo iba así sobre el carrito, pero más perdido que sateluco en Pedregal. Y no era para menos: emocionados por la parranda, tanto Andrés como yo olvidamos hacer cualquier tipo de lista. Primero había que decidir qué ibamos a preparar. Eso quedó sentado rápido: sería la pasta oriental (o Pasta del Survivor, cuya receta redescubierta gracias a Barilla facilito al final de este post) y sushi. Ahora, quedaban otro par de cuestiones: primero, el capital, que no alcanzaría para alimentar a quién-sabe-cuántos trogloditas fiesteros, y que probablemente nos haría prescindir de los ingredientes de los rollitos california. Así que optamos por hacer sushi alternativo, receta que también anexo. Bien. Segunda cosa: encontrar las cosas necesarias para cocinar. Las siguientes dos horas son Andrés y yo dando vueltas por el Wal Mart, volviendo al departamento de vegetales incontables veces, yendo de pasillo en pasillo buscando tortillas de harina y queso barato, jugando con los muñequitos de Spiderman y Shrek para darnos un break. Por fin logramos terminar las compras increíblemente dentro del budget. Regresamos a mi casa dispuestos a cocinar. Como si fuésemos gourmetes de alcurnia, antes de preparar nada nos servimos un par de copas de vino. Ya medio risueños por el mal vino chileno que fuimos a conseguir por 45 varos, hicimos cortes, calentamos agua, freimos tortillas de harina y fuimos recibiendo uno a uno a todos los comensales. Lo curioso de aquella tarde, además de las sorpresas generadas por el sushi alternativo y las hinchadas papilas de Beto a causa de la buena hechura de mi pasta, fue la cantidad de gente que llegó a la bacanal. A continuación la lista de todos ellos:

Andrés, Beto, Javi, Ro, Ga, Less, Chori, Jorch, Valo, Vania, Vane, Jandro, y last-but-not-least, el Primo Álvaro, del cual muchos de nosotros no sabíamos nada desde hace mucho tiempo.

Yo sé que esta lista parece de nombres tentativos para personajes de programa de TV infantil tipo Teletubbies. Sin embargo, ellos son mis cuates, y aunque la cantidad no parezca extraordinaria, tomemos en consideración que mi depa no mide más de 140 metros cuadrados, y que lo realmente curioso del caso es que en ningún momento estuvieron todos ellos presentes. Mi casa parecía un carroussel. En fin. Las conversaciones fueron muchas y muy variadas: desde el próximo viaje a Europa del Betarro, hasta la muy alternativa y muy vanagloriada receta del sushi, que, como ya he dicho, causó una conmoción tremenda. Finalmente, cuando la tarde parecía perdida, los temas de charla agotados y la calle tentadora para ir en busca de un buen bar, Ro llegó como siempre lo hace, como buen Party Animal, a salvar el jolgorio: desde las profundidades de sus más extrañas amistades, sacó un juego de mesa llamado Diplomacy, que está en alemán porque Rober lo consiguió en Suiza por una muy estridente cantidad de morlacos. El juego no es más que un mapa de Europa antes de la Primera Guerra Mundial. Cada jugador debe adoptar a uno de los siete Grandes Imperios Europeos del momento, y tratar de conquistar al mundo a la vieja usanza de Pinkie y Cerebro. Así que no se dijo más, y todos muy contentos decidimos que era un buen momento para sacar a relucir nuestras capacidades de maquiavélicos estrategas. Los equipos quedaron así:

Italia y Alemania no jugaban, porque nomás éramos cinco.
Inglaterra era salvajemente lidereada por Chori, un Von Bismark en peligrosa potencia, y Valo, el Innombrable.
Rusia quedó bajo la batuta de la pareja imerial, Ga y Less.
Ro, que es muy ducho en este juego, invadía nuestras paranoias bajo el enigmático nombre de Austria-Hungría.
Turquía era el Power Wheels de Andrés y Vane, la otra pareja Imperial.
Y Francia, mon amis, era mi puerta al mundo, que se vio engrandecida cuando el Primo Álvaro cayó de sorpresa cargando seis caguamas bajo el brazo y grandes habilidades bajo sus cabellos.

El juego normalmente se desarrolla gracias a las alianzas que se realizan entre los imperios, gracias a las traiciones perpetradas y a la capacidad de mentir de los jugadores. No detallaré los movimientos, pero sí algunos Highlights: El Innombrable Valo chupaba como cosaco inglés mientras veía como su Generalísimo Chori invadía los mares del norte y nos ponía a todos a temblar. Ro logró invadir casi todos los Balcanes, y, como sabemos, ahí está el pan. Álvaro y yo nos perdimos en elucubraciones de corte sentimental, y dejamos ir Italia por conseguir España. Ga estaba más desesperado que mosca contra el vidrio, y Less trataba de salvar el Imperio Ruso de las garras de la armada de Chori negociando con nosotros, los apestosos franceses, que pretendíamos dominar Alemania y darle a Chori una estocada por la colateral defensa. Intentamos promover la idea de una Comunidad Europea que viviera en paz, pero supongo que el mundo todavía no está listo para eso.

Así las cosas. Imagínese ud., si ya está aburrido de leer las estrategias de mini guerra de un montón de excitados-de-la-historia, cómo habrán estado los que no encontraban ninguna motivación en las armas. Valo, Andrés y Vane acabaron huyendo, y los demás, que ya estábamos hambrientos, optamos por pedir pizza. Comimos muy contentos, y después, cuando en mi casa ya sólo quedábamos los más borrachos y los más parlanchines, se organizó una tertulia increíble.

Se nos ocurrió, por un orgasmo mental, que no sería una mala idea que el Diplomacy pudiera jugarse en internet. El Primo Álvaro, que es un genio de los ordenadores (y un excitado de la discusión), pensó un par de minutos y llegó a la conclusión de que no sería difícil hacerlo. Por avatares del debraye, se nos ocurrió que sería un tanto mejor si el mapa del juego no fuera el de Europa, sino el del DF. Y es que ya se sabe la leyenda que sustentaría nuestro juego (op. Cit. Wallace Porter): en tiempos inmemoriales, la loba de Chilangolandia parió siete hijos: Sátelo, Coápulo, Yoaco, Sasha, Monn, Gallo y Gabriel Mancera. Al crecer, los hijos tuvieron una gran pelea que ocasionó su diáspora. Así, Sátelo fundó Cd. Satélite; Coápulo, Villa Coapa; Sasha, la Condechi; Monn, Pedregal; Gallo, las Lomas; y Gabriel Mancera, ya se sabe, la heroica Colonia del Valle. Yoaco, el más apegado a su madre, se quedó con los territorios centrales y fundó Coyoacán. En fin. El juego que ideamos se desarrollaría a través de las peleas de estos caciques y sus tribus urbanas, que tratarían de convertirse en el Cultural Statement de la Gran Urbe. Cada uno tiene sus características, sus pros y contras, sus armas de ataque; eso ya será tema de otro blog. El asunto es que, todos muy contentos, discutimos sobre el destino de las tribus y nuestras distintas filiaciones.

Todo iba muy bien, y todos éramos muy amigos, hasta que de no sé donde salió un tema harto discutido y nunca terminado: la inseguridad en el DF. El punto es que, después de un par de minutos, todos tomamos una postura: Chori y Álvaro insistían en que la raíz de los problemas era la familia. Ro no coincidía, y Jandro estaba bastante prendido llevándoles la contra a los susodichos, aunque en el fondo estaba de acuerdo. Yo sigo pensando que ver el Problema así es tener una visión corta, retrógrada y cerrada. Se me hace casi tanto como decir que los pobres son pobres porque no quieren trabajar, o que la ciudad es segura a pesar de lo que dicen no sé cuántos miles de personas. Yo opino que es algo ya hasta genético por lo histórico, y aunque mis argumentos son lo bastante sólido como para fundamentarlo, necesito material físico del cual no disponía en esos momentos. Así que yo presencié muy contento la discusión y la consecutiva salida de Chori y Ro, y la consecutiva discusión de Jandro y Álvaro, que hablaban de lo mismo sin darse cuenta. Acabamos hablando de lo bonito que es ser amigos, de lo chido que es discutir en buenos términos con tus panas. Pinches hippies. Y mi día acabó así, con mi primo despidiéndose todavía de mí dos pisos abajo, con Jandro hablando con voz barrida.

ANEXO: LAS RECETAS DEL ÉXITO

PASTA DEL SURVIVOR
Nombrada así porque Rod sobrevivió dos meses en Europa gracias a la creación de una receta barata, comestible en caliente o frío, por la cual se abrió innumerables puertas sociales con gente de Extranjia.
Ingredientes:
Pasta al gusto.
Pimiento verde.
Jitomate.
Cebolla.
Ajo.
Orégano.
Tocino.
Crema semi espesa.
Queso manchego en cuadritos.
Mantequilla.

Haga la pasta. Para la salsa, engrase primero una olla con mantequilla. Agregue ajo y cebolla. Deje acitronar. Agregue ahora el pimiento y el jitomate picados para que suelten jugos. En un sartén, fría el tocino cortado en cuadritos. Una vez frito el tocino y las verduras con jugos expandidos, mezcle. Agregue la crema y el queso, hasta que quede una salsa lechosa. Agregue orégano, sal y pimienta al gusto.

SUSHI ALTERNATIVO
Receta original de Ale Mendoza.
Ingredientes:
Tortillas de harina.
Surimi
Pepino
Queso crema.

En una tortilla, ponga porciones iguales de surimi, queso crema y pepino. Enrolle la tortilla y sujétela con un palillo. Fría esto en una sartén. Una vez frito, córtese en rodajas. Sírvase con salsa de soya… o salsa inglesa con limón, o lo que le venga en gana.

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